Nuestra institución, se ve obligada a enfrentar una cantidad de desafíos cada vez más complejos relacionados no sólo con la resolución de las problemáticas sociales, sino también con la obtención de los recursos necesarios para su supervivencia institucional. Junto a su crecimiento, asume la engorrosa tarea de reproducirse en forma diaria, respondiendo con velocidad casi vertiginosa a los cambios que exige la acción destinada a impulsar el ideal de bienestar colectivo y las demandas de su comunidad. Es decir, que nos encontramos frente a un doble desafío: por un lado la dificultosa ocupación de enfrentar los conflictos sociales, y por el otro se suma la no menos complicada tarea de sustentarse y desarrollarse en el tiempo.
Una de las disyuntivas que enfrentan las organizaciones de la sociedad civil es la de determinar la manera adecuada de financiar la organización y lograr su sustentabilidad en el largo plazo. El importante crecimiento experimentado por el sector tiene como contrapartida la
consecuente competencia por los fondos disponibles para su financiamiento. Las estrategias de recaudación de fondos, concentradas en los donantes, en el Estado o en los organismos internacionales, reducen necesariamente los capitales vacantes que pasan a ser disputados por un número de entidades cada vez mayor.
Actualmente, las organizaciones sociales basan sus estrategias en multiplicar los flujos de ingresos a través de la búsqueda de alternativas que les permitan mantenerse económicamente activas sobre una base de apoyo cada vez más amplia. Así, las organizaciones de la sociedad civil han dado un paso fundamental en el camino hacia la profesionalización, desarrollando competencias que posicionan a la planificación como metodología de su propio desarrollo.

 

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